Que te diga una cosa y haga a la inversa es natural, es inevitable y a modo de defensa te grito y te miento y me convierto en una víctima más de este juego de pretensiones en el que se transforman las mañanas y tal vez las noches: ya no me acuerdo. Si te digo que no, te miento, me muero por que estés acá, pero como te digo una cosa te digo la otra como si nada, y no me importa, claro que no me importa: Llega un punto en que no sé lo que hago. Si te digo que no me busques, no lo hagas, porque yo no sé hasta qué punto voy a poder sostener mis aires de grandeza; No sé hasta qué punto voy a aguantar el llanto y pedirte que te quedes conmigo para siempre.