Llegue a mi banco mi preferido, desde el se ven perfectamente las estrellas, juego con ellas, son centinelas en la lejanía, presas condenadas a espiar donde se esconde la alegría.Hoy la ciudad es mía, y quien diría que me callase, si por mucho que gritase, (se que nadie me oiría). Camino sola en la avenida, entre las calles ya se escucha, el murmullo de una ciudad arrepentida. Pasan tantas cosas, se escriben tantas historias, bajo esta luna, a estas horas, sigo buscando mi fortuna, lástima que mi hombre sea víctima, de las lágrimas, ya se irán pasando página. Y en aquel muro, vi el momento perfecto para escribirte una dedicatoria.Puse,te quiero, y de posdata, siempre te llevo en la memoria. Si me vieras, imaginando la cara que pondrías, es pura euforia, y de noche me encanta decirte (buenos días), entre las calles deje mi rastro. Yo salí con lo puesto, y tengo frío, puede ser porque al lado tengo el río, pero me encantan las conversaciones con el mar, cada ola trae un mensaje que yo solo se descifrar. Te invito a venir, no te diré como llegar,es el lugar donde saco el cuaderno y escribo algo. Dan las 5 y ya me largo vuelvo a casa, a estas horas ya debería de descansar. Las piernas empiezan a pesar ya queda menos, me sudan las manos, en cuanto llegue desayuno, y la cama. Noches donde todas las estrellas son fugaces, si pensaba andando solo algunas frases que luego olvide. Pienso en todo lo que haría si fuera de día, lo que te diría, si estuvieras aun despierta, paro ante tu puerta y así puedo ver que sueñas con las cosas que te digo en el momento en que te acuestas, noches, que ya no esconden su magia, a su lado son los días los que pierden importancia, no sucede nada, la luz del día nos disfraza, quizás somos más valientes si no se nos ve la cara, si no se nos delatara, haríamos de noche lo que nos viniese en gana y en una luna guardaría para el día en que prohibieran el insomnio y que las noches ya no existan. Yo, que amo soñar de día y me paseo cada noche desde el templo al coliseo, contemplo en esta acrópolis de versos vuestros besos, de esos enamorados que en verano hasta las miles estáis despiertos. Porque el tiempo parece que no exista y eso excita, pero hay que volver a casa y voy buscando algún taxista que no llega, pero mientras mira me crucé contigo, y es curioso no, quizás nos trajo aquí el destino.
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