23 de septiembre de 2008
Peqeño deseo.
Y un dia, mientras estábamos en el tren, haciendo el mismo camino rutinario de siempre, me dijo:
-Regálame la Luna...
No entendí porqué ella sonreía tan dulcemente después de pedirme algo tan absurdo, y yo simplemente no respondí. De todas maneras esa frase me acompañó durante mucho tiempo, yo siempre dándole vueltas intentando darme una explicación del significado de aquel regalo mientras ella de vez en cuando aún me lo insinuaba...
semanas mas tarde me repitió:
- quiero una Luna...
Sus ojos parecían estar muy convencidos de lo que estaba pronunciando y a la vez algo melancólicos, asi que me decidí a preguntar:
- una Luna? por que quieres un Luna?
Su cara volvió a ser dulce otra vez mientras respondía:
- la Luna es la luz que ilumina entre la oscuridad de la noche y guía cuando te sientes perdido. Aunque haga poca luz puede dar calor aunque a ti no te lo parezca, lo cierto es que mas que calor corporal es calor en tu corazón. Siempre sabes que va a volver para que no tengas miedo a la noche y te sientas protegida y aliviada, con suficientes fuerzas para tranquilizarte y poder dormir, como si te acunara desde fuera pero penetrando por tu ventana...
Yo continué no entendiéndolo muy bien, podía entender esa sensación, las noches con Luna siempre son mas relajantes y si la miras puedes llegar a sentirte mas seguro.
Finalmente lo entendí, tarde, como siempre.
Ella lo quería porque lo necesitaba. Pedir la Luna era una manera de decirme que a veces se sentía insegura y tenía miedo, que necesitaba algo que la ayudase en los malos momentos y le hicieran quitar el temor a la soledad. Quizá lo que necesitaba era alguien y no algo y otra vez yo le fallé...
Sus sensaciones no desaparecieron sino que augmentaron.
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